Cada vez están más claras las prioridades estratégicas de los directivos para los próximos años. Se resumen en cinco áreas, según la consultora KPMG:  transformación digital, regulación, crecimiento e internacionalización, ciberseguridad y la innovación.

La innovación ocupará un papel muy relevante en los modelos de cambio que persiguen las empresas. Algo que les supondrá un gran desafío porque la mayoría de ellas no tienen ningún plan diseñado en ese sentido. No suele existir ningún departamento específico ni un director de innovación, algo que resulta básico para empezar a plantearse una estrategia firme en esta línea.

 

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El director de innovación.

Este puesto es relativamente reciente en el ámbito empresarial. Los países anglosajones, siempre a la vanguardia en los negocios, ya han acuñado el término para referirse a esta figura: el Chief Innovation Officer (CIO o CINO), sería lo que aquí identificaremos como  director de innovación.

La irrupción de nuevos modelos de negocio en el ámbito de la tecnología y la era digital (la industria 4.0), han impulsado la necesidad de contar con un director de innovación en la empresa. Las transformación se centra en configurar compañías más flexible a los continuos cambios y tendencias. Esto afecta, tanto al diseño de nuevos productos y servicios como para anticiparse a las necesidades de los consumidores.

Las principales competencias de un director de innovación serían:

  • Desarrollar las actividades de innovación, en todas las áreas, impulsando las diversas unidades de negocio y departamentos de la empresa.
  • Responsabilizarse del diseño, gestión y ejecución de proyectos innovadores. Tanto en el ámbito tecnológico como en el organizativo y de gestión o en el comercial.
  • Ayudar a las personas a generar ideas y proteger y alimentar los proyectos más prometedores.
  • Sistematizar los procesos de innovación para que impliquen un mejor cumplimiento y aporten más valor y mejores resultados.

Se trata de liderar una nueva cultura en la organización, basada en cultivar la curiosidad, la inspiración y la capacidad creativa. Esto implica potenciar las habilidades de las personas y dar soporte a las distintas unidades de negocio para identificar nuevos espacios de mercado, anticiparse a las necesidades de los clientes y diseñar nuevos productos y servicios adaptados a ellos.

 

¿Cómo fomentar la innovación?

La innovación es una disciplina compleja, y el primer paso debe ser vencer resistencias organizativas y de pensamiento, arraigadas en las empresas desde hace tiempo.

Los procesos de innovación se nutren de todo tipo de variables, que tienen como fin diseñar nuevos modelos, métodos, estrategias, ideas o funciones en la empresa.

Podemos diferenciar tres grupos de objetivos para la implementación de planes de innovación:

  • Identificar los retos de innovación que puedan generar un mayor impacto social y comercial. Supone potenciar la parte más creativa, vigilar los cambios, utilizar la inteligencia competitiva y las estrategias de benchmarking (procesos continuos de evaluación de los productos, servicios y procesos de trabajo en las organizaciones).
  • Poner en marcha los proyectos que sean necesarios, respaldados por una buena gestión y financiación.
  • Exprimir los resultados logrados. Para ello, es necesario reforzar y asegurar la innovación, afianzar todo lo que ha aportado y gestionar el conocimiento. Cada proceso de innovación implementado con éxito abre la puerta a otros.

Sin duda, la innovación supone una herramienta competitiva de un alto valor para cualquier compañía. Los productos cada vez tienen un ciclo de vida más corto y los clientes son cada vez más exigentes. Una empresa debe ser lo suficientemente ágil y flexible para competir en este entorno. No es de extrañar que la figura del director de innovación esté entre las más apreciadas por las compañías que quieren estar a la vanguardia en su sector.

 

COMUNICACIÓN

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