El último informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre el mercado de trabajo global, ha mostrado datos preocupantes sobre la situación del mercado laboral en España. Aunque realiza una previsión positiva sobre las tasas de desempleo (que sitúa en el 2016 en un 21,6%), todo sigue lejos de mostrar una recuperación equilibrada.

El estudio, que lleva por título “Perspectivas Sociales y del Empleo en el Mundo: Tendencias 2016”, incluye un apartado sobre España en el que se especifica que: “se espera una modesta mejora de la tasa de desempleo en España durante 2016, aunque aún quedan muchos desafíos que afrontar”.

 

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De las principales preocupaciones sobresales estas:

  • La elevada tasa de paro general y especialmente entre los jóvenes
  • El desempleo de larga duración.
  • El exceso de la temporalidad en los contratos de trabajo.

Este último punto, nos sitúa ante uno de los mayores problemas del mercado de trabajo en España: la dualidad. Trabajadores con contratos muy cortos, salarios bajos y sin ninguna protección; frente a trabajadores fijos, con mejores condiciones laborales y más protegidos en caso de despido.

También apunta el dato, especialmente relevante para las pymes, sobre las dificultades que tienen las empresas, en ocasiones, para encontrar trabajadores que puedan cubrir determinados puestos.

Como consejo para apuntalar la recuperación y crear un empleo de más calidad y mejor pagado, la OIT propone reorientar las políticas laborales y facilitar el crecimiento de las empresas pequeñas (reformas tributarias, mejor financiación o menos trabas legales). Con políticas  sectoriales y tecnológicas, un impulso de la economía verde y repensar el sistema educativo.

 

Factores claves para las empresas

La realidad del mercado de trabajo en España está clara. A falta de medidas institucionales más favorables, las empresas tienen ante sí un gran reto para los próximos años en el terreno laboral. La intención debe ser ganar competitividad y fortaleza. Estas son tres vías para conseguirlo:

  • Fomentar una contratación más estable y de calidad.
  • La formación como base para el desarrollo profesional.
  • Estrategias para retener el talento.

Las pymes no pueden seguir basando su estrategia competitiva sólo en la disminución de los costes laborales o en la contratación temporal, como hasta ahora. Es cierto que el modelo productivo en nuestro país no ayuda para esta tarea, ya que está basado en sectores muy afectados por la estacionalidad (sector servicios y la construcción) y de baja cualificación. Pero, especialmente por eso, es imprescindible apostar por la calidad y la innovación. Para afrontar estrategias de cambio y adaptación es prioritario fomentar las aptitudes, capacidades, experiencias y, sobre todo, el talento de los trabajadores.

En cuanto a la formación, el progreso técnico y la era digital han modificado las funciones y habilidades necesarias para la mayoría de los puestos de trabajo. Las empresas deben fomentar y facilitar una formación continua. En cada sector se producen evoluciones concretas que necesitan de una actualización de los conocimientos, pero cómo base general, lo más valorado son los idiomas y las habilidades tecnológicas.

El factor humano es la piedra angular para el futuro de una empresa y será el mejor recurso competitivo para afrontar un mercado con productos y servicios cada vez más parecidos y con mucha competencia. La captación del talento profesional es la gran baza para una compañía. Los procesos de selección deben estar enfocados a ello. En un buen consejo aprovechar las ventajas de los contratos de prácticas o de aprendizaje para desarrollar el talento desde el primer momento y, al tiempo, integrar a los jóvenes en la filosofía de la compañía, motivándoles y ayudándoles a progresar.

 

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