Que los accidentes de tráfico constituyen una de las principales causas de siniestralidad laboral es una evidencia corroborada por el IV Estudio Los españoles ante la nueva movilidad, presentado en noviembre de 2017. No en vano, los accidentes de tráfico representan el 11% del total de la siniestralidad laboral en España.

Al previsible drama personal y familiar que implica un accidente de tráfico ha de sumarse el hecho de que la incapacidad temporal media tras este se sitúa en 43 días, 10 más que la de un accidente laboral normal, dado que las bajas relacionadas con los accidentes viales tienen consecuencias más graves y lesivas.

Sin embargo, la formación en seguridad se erige como la gran olvidada en el entorno laboral. Mientras que resulta obligatorio que todas las empresas dispongan de planes de prevención en riesgos laborales, poco más del 10% de los más de 8000 encuestados en toda España afirma haber recibido cursos de educación vial en su entorno laboral. La realidad in itinere, sin embargo, se muestra tozuda: en 2016 más del 30% de los accidentes de trabajo mortales fueron fruto de la circulación vial, aumentando en un 20% frente a las cifras del año anterior.

No obstante, los trabajadores –especialmente los hombres, seis puntos por encima de las mujeres– se muestran propicios a la educación vial, ya que cerca de la mitad de los encuestados quisiera recibir formación en dicho sentido. Refrescar los conocimientos que la mayoría adquirió cuando obtuvo su permiso de conducir no parece mala idea, aunque solo fuera con la intención de reducir los costes de las empresas (por más que toda la sociedad se beneficie de la seguridad vial de calidad).

La movilidad eficiente tampoco está entre los planes de la mayor parte de las empresas españolas. Así, cerca de un 85% de los encuestados dice no haber recibido ningún incentivo para modificar su modo de desplazarse al trabajo, ya se trate a través de fórmulas de flexibilidad horaria, teletrabajo, transportes más sostenibles, etc., lo que reduciría los desplazamientos en horas punta, mejoraría el tráfico, la eficiencia laboral y la calidad del aire.

La eficiencia de un vehículo depende directamente de la seguridad, y para ello el mercado ofrece herramientas que analizan las pausas que realiza cada conductor, ofrecen un sistema de alertas para que los vehículos siempre estén a punto e incluso avisan al gestor de la flota cuando uno de los vehículos está realizando una conducción peligrosa por exceso de velocidad u otras causas. Por SMS o email, tú escojes.

Una actitud responsable resulta básica para una circulación segura, pero esta debe correr a la par que el conocimiento. Para corregir la conducta de tus conductores, puedes acudir a los informes y cuadros de mando que te ofrecen algunas soluciones, pero si quieres profundizar en la materia, no te olvides de centros de educación vial, fundaciones y otras entidades no lucrativas que corregirán conductas peligrosas y ampliarán conocimientos teórico-prácticos de forma gratuita.

 

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