La conciliación laboral y familiar en nuestro país es un problema sin resolver desde hace tiempo. España es uno de los países de la Unión Europea donde se dedican más horas al trabajo, con jornadas que pueden superar, en muchos casos, las nueve horas (sin contar con los desplazamientos). Además, es habitual comer fuera de casa, con lo que aún aumenta más el tiempo fuera del hogar.

En esta situación, la conciliación de la vida familiar y profesional se hace muy difícil para la mayoría de los trabajadores/as. Para una empresa tampoco es una situación beneficiosa. Aunque se trabajan más horas, éstas son menos productivas que en los países europeos más avanzados, como recogen las estadísticas anuales del Eurostat (la oficina estadística de la Unión Europa).

El debate ha vuelto a la actualidad en estas últimas semanas con motivo de nuevas propuestas políticas que permitan mejorar la conciliación. Sin embargo, las acciones políticas no siempre se articulan bien y su aplicación es lenta. Para completar esta deficiencia, cada vez son más las empresas que apuestan por dar mayor flexibilidad y mejorar las condiciones de trabajo de sus empleados.

 

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La conciliación laboral y la productividad

Son varios los estudios que demuestran que los trabajadores de empresas con políticas de conciliación son más productivos, como ocurre en los países europeos más avanzados. Los horarios laborales son una de las causas principales porque no son los más adecuados para facilitar el rendimiento. En general, se empieza a trabajar más tarde que en otros países de nuestro entorno, se para demasiado tiempo para comer y se prolonga la jornada en exceso.

Aparte de esto, hay instaurada una cultura de trabajo perjudicial, basada en la creencia de que los empleados que pasan más tiempo en la empresa están más comprometidos y son más competentes. La gente se queda más horas para no ser menos que sus compañeros.

La realidad es que las empresas empiezan a darse cuenta de que el estar demasiadas horas en el puesto de trabajo no es productivo. Entre otras cosas, se acumula cansancio, se es menos creativo, se tarda más en solucionar los problemas y provoca, a medio plazo,  desánimo y falta de motivación. Todo ello, redunda en una productividad más baja. Es decir, se trabaja más pero se rinde menos. El problema principal de un excesivo “presentismo” es que la concentración decae cuando se sabe que aún quedan muchas horas por delante y lo que se podría hacer en media hora se hace en una.

Esto también dificulta las relaciones comerciales en el exterior. Cuando desde Europa llaman a primera hora de la tarde aquí aún se está comiendo, y cuando se llama desde aquí a las cinco, en otros países ya no hay nadie trabajando. La cultura laboral en el norte de Europa es totalmente diferente porque entienden que un empleado que trabaja muchas horas no es eficiente, no se organiza bien y descuida sus obligaciones familiares.

 

Las claves para una mejor conciliación laboral

La conciliación entre la vida laboral y familiar no es sólo una cuestión de horarios. Debe ser un concepto transversal, plasmado de forma equilibrada en todos los ámbitos de funcionamiento de la empresa. Hay prácticas positivas que se pueden seguir:

  • Ofrecer horarios flexibles según las necesidades de cada empleado. Puede ser una jornada continua o permitir cambiar algunas horas que se pueden recuperar en otro momento. En otros lugares cuentan con la ventaja de que los horarios escolares están más sintonizados con las jornadas laborales.
  • Promover el teletrabajo. En la actualidad es fácil incorporar las aplicaciones y módulos de trabajo en la “nube” (cloud computing),que es el nombre que se le da al procesamiento y almacenamiento masivo de datos en servidores a los que se puede acceder desde cualquier lugar. De ese modo, el personal puede trabajar desde su casa mientras sus hijos están enfermos, por ejemplo.
  • Sistemas de retribución flexible. Es una modalidad interesante de cara al futuro. Muchos empleados cambiarían parte de su nómina por más horas libres o por algunos productos o servicios extras: servicios médicos, planes de pensiones, guardería, descuentos en ocio, etc. Las empresas pueden conseguir esos productos más baratos si los contratan por lotes y los empleados los agradecerán.

La flexibilidad debe marcar el rumbo del mercado de trabajo en las próximas décadas. Las nuevas generaciones están acostumbradas a trabajar de forma más autónoma y sin horarios. Este proceso, bien organizado, conllevará una mayor productividad porque a los trabajadores les interesa mantenerlo y se esforzarán para cumplir con su parte.

 

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