La EPA (Encuesta de Población Activa) ofrece datos reveladores sobre la situación del mercado laboral en España. La cifra más importante es que en 2015 se crearon 525.100 puestos de trabajo. Detrás de este dato hay un detalle muy importante: más del 80% de los contratos han sido para mayores de 40 años y sólo 42.000 empleos fueron para menores de 25 años.

Además, la destrucción de empleo es común entre los grupos de edad más jóvenes: en el comprendido entre los 25 y los 29 años se perdieron 34.600 puestos y se extinguieron otros 61.600 que estaban ocupados por personas entre 30 y 34 años.

La elevada tasa de paro juvenil en España está reconocida como uno de los problemas estructurales más serios del mercado de trabajo en nuestro país. Esto se arrastra desde hace tiempo, pero con la crisis los jóvenes han sido uno de los colectivos más afectados. Los que tienen trabajo están más expuestos a la precariedad con contratos temporales salarios muy bajos.

Descárgate la guía gratuita: CONTRATACIÓN INTELIGENTE

 

¿Cómo afecta este escenario?

Además de lo indicado, hay un coste extra para los jóvenes, porque al incorporarse demasiado tarde al mercado laboral retrasan la posibilidad de adquirir la experiencia necesaria para lograr un mejor empleo. Es una situación que se retroalimenta.

En realidad, es una gran pérdida para la sociedad y para la economía que a los jóvenes sin empleo les cueste tanto encontrar un trabajo estable. Los efectos son claros:

  • Las empresas pierden más de lo que creen porque los estudios, el rendimiento y las habilidades de estos jóvenes se desperdician al no ser usados.
  • Se pierde capital humano si estos jóvenes en paro emigran (brain drain). Ya lo están haciendo técnicos, ingenieros o especialistas en informática.
  • La emigración exterior reduce el potencial de crecimiento económico.
  • Muchos jóvenes acaban buscando refugio en la economía sumergida o aceptando unas condiciones salariales muy bajas, incluso con fórmulas poco legales, prescindiendo de los elementos básicos de protección.
  • El país pierde ingresos tributarios y cotizaciones a la Seguridad Social. Esto ya está pasando factura a los contribuyentes y afiliados y condiciona mucho el mantenimiento del Estado de bienestar.

 

Algunas claves para mejorar esta situación.

La reducción del paro juvenil tiene que ser un objetivo prioritario dentro de una política económica responsable.

Primero, hay que trabajar en un modelo productivo basado en la innovación y en un crecimiento sostenible, en el que se amplíen las oportunidades de empleo y en el que surja un entorno propicio para que los jóvenes valoren el emprendimiento (sin tantas trabas administrativas).

Segundo, hay que crear una regulación más moderna del mercado de trabajo, para que no suponga una carga tan grande para las empresas la contratación de los jóvenes. Los dos tipo de contrato, destinados a los jóvenes, que la normativa actual recoge: el contrato de formación y el de prácticas, no tienen la acogida que se necesita para relanzar el empleo en este segmento.

Tercero, y muy importante, es el seguir caminando para equilibrar y alinear la formación universitaria y profesional con lo que las empresas están demandando. Es otro déficit estructural del país. Las empresas, muchas veces, no encuentran los profesionales que necesitan, especialmente en perfiles tecnológicos y con habilidades para los idiomas. Además, hay muchos jóvenes que dejan sus estudios muy pronto, posiblemente desmotivados por la falta de oportunidades.

No existen recetas mágicas, pero la situación es difícil solucionarla con normativas y subvenciones. Hace falta algo más sólido y estable en el tiempo, trabajando en tres frentes: crecimiento, formación y un mercado de trabajo menos rígido.

 

CONTRATACIÓN

Pin It on Pinterest

Share This