A diferencia del despido disciplinario, en un despido por causas por objetivas el trabajador no comete ninguna infracción ni es culpable de la situación en la que se encuentra, sin embargo, existen una serie de razones que pueden justificar la extinción de su contrato, para ello es necesario que se cumplan alguna de las causas reflejadas en la normativa vigente.

A pesar de su nombre, el despido por causas objetivas es, en muchos casos, el más subjetivo de todos. Esto es así, porque en muchos aspectos, las circunstancias que presenta una empresa para justificarlo pueden ser ambiguas y recae sobre el juez, en caso de reclamación, la decisión final. A pesar de que la Reforma Laboral de 2012 ha modificado varios aspectos de este despido, con directrices más concretas, sigue habiendo circunstancias demasiado arbitrarias. Uno de los elementos más favorable para proceder a este tipo de despido es la indemnización, al pasar de 33 días a 20 días de salario por año trabajado (con un máximo de 12 mensualidades).

 

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Razones para un despido por causas objetivas 

Este despido se regula en el artículo 52 del Estatuto de los Trabajadores donde se concretan las causas que pueden dar lugar a este tipo de despido por causas objetivas. Estas son:

  • La ineptitud del trabajador para su puesto de trabajo.
  • La falta de adaptación del trabajador a las modificaciones técnicas que su produzcan en su puesto de trabajo.
  • Las faltas de asistencia al trabajo que, aunque  sean justificadas, se producen de forma recurrente y alcanzan un determino porcentaje de las jornadas hábiles.
  • Por razones económicas, técnicas, organizativas, de producción o por causas de fuerza mayor.

La ineptitud en el trabajo:

Para poder alegar esta causa, la incapacidad del trabajador en sus funciones debe ser conocida o sobrevenida con posterioridad a su incorporación a la empresa. Si se puede demostrar que la empresa ya conocía antes del alta esa incapacidad el despido no tendrá efecto y será declarado improcedente. 

Falta de adaptación a las modificaciones técnicas.

Las modificaciones técnicas que se produzcan han de ser necesarias y demostrables para que tenga efecto el despido por causas objetivas. Es habitual que los avances tecnológicos o los cambios en los procesos provoquen que los conocimientos o habilidades de algunos trabajadores se queden desfasados y necesiten de un reciclaje. Es obligatorio para la empresa proporcionar una formación que le permita al trabajador adaptarse a los nuevos métodos y equipos. Cuando, a pesar de la formación pertinente y un periodo de adaptación de dos meses, como mínimo, el trabajador no sea capaz de adaptarse a las nuevas circunstancias,  se podrá recurrir a este tipo de despido.

Absentismo laboral o falta de asistencia.

La normativa ahora es más concreta a la hora de computar las faltas de asistencia que puede dar origen a un despido por causas objetivas. Las condiciones más relevantes que se deben cumplir para poder alegar esta causa son: faltar más de un 20% de la jornada en dos meses consecutivos, o del 25% en cuatro meses discontinuos, a lo largo de un año. Las ausencias se cuentan aunque sean motivadas por bajas por enfermedad justificadas.

Existen excepciones, que recoge la ley, en las que las faltas de asistencia no se podrán computar: las debidas a enfermedad grave o tratamientos de cáncer; paternidad, maternidad y circunstancias relativas al embarazo, parto o lactancia; licencias y vacaciones; las provocadas por violencia de género acreditadas por servicios sociales y las acontecidas por huelgas, representación legal de los trabajadores o accidentes de trabajos.

Razones económicas, organizativas o de producción

Son las más habituales. El despido por causas objetivas es una opción cuando los resultados de la empresa desprendan una situación económica negativa (existencia de pérdidas actuales o previstas) o exista una disminución persistente de su nivel de ingresos o ventas. Se entenderá la pérdida recurrente cuando se mantenga durante tres trimestres consecutivos.

Las causas de producción se justifican ante cambios, entre otros, en la demanda de los productos o servicios que la empresa comercializa. Las razones organizativas se emplean por los cambios en los métodos y procesos de trabajo del personal o del modo de organizar la producción.

El abanico de circunstancias es bastante amplio, de ahí la polémica que levanta este tipo de despido entre los sindicatos y trabajadores.

 

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