Según el último ‘Índice de Competitividad del Talento Global (GTCI)’, elaborado por Adecco, la escuela de negocios Insead y el Human Capital Leadership Institute y presentado el miércoles veinte de enero en Davos (Suiza), afirma que España tiene buenas condiciones para el crecimiento y la retención del talento, superiores a las de otros países. Pero suspende en algunas asignaturas, como la relación entre salarios y productividad y las destrezas laborales y profesionales.

Este índice mide la capacidad de los países para gestionar el talento a través de la atracción, crecimiento y retención del mismo y sitúa a España en el puesto 36 de un ránking en el que se han analizado un total de 109 países y que está liderado nuevamente por Suiza.

El resultado del estudio, en este punto concreto, es curioso, ya que la mayoría de los analistas coinciden en que uno de los elementos a mejorar en la pequeña y mediana empresa (pymes) en nuestro país es precisamente la poca capacidad para captar y retener el talento profesional.

Ahora bien, donde sí hay mayor coincidencia es en otras cuestiones, que también este trabajo detecta, y que afectan directamente a esa capacidad para retener el talento. Son cuestiones en las que España debería mejorar. En este sentido, la peor puntuación de España corresponde a la relación entre salario y productividad. Esta conclusión se ve reafirmada cuando se analizan las condiciones del mercado de trabajo y la regulación laboral, puntos en los que España está lejos de destacar.

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La relación entre salarios y productividad.

Uno de los argumentos que más se ha escuchado en los últimos años entre las empresas es que España debe ajustar los salarios en función de la productividad e introducir esa variable en las negociaciones colectivas, bajando así el peso del Índice de Precios al Consumo (IPC) como única referencia para adaptar los salarios. Es reconocido que nuestro país es uno de los que presenta tasas de productividad laboral más bajas y esa es la evidencia que se utiliza para defender más recortes salariales. Apostar por este “equilibrio” supone adoptar una postura conservadora ya que busca el ajuste a la baja. Es decir, nuestra productividad es más baja que los salarios, entonces bajemos los salarios. Pero, ¿por qué no apostar por subir la productividad?

Los factores que afectan a la productividad son muy variados y, además, se da una relación inversa: aunque el salario dependa de la productividad, la productividad también depende del salario. Esto es algo fundamental cuando se trata de apostar por los trabajadores más cualificados, de más talento y que generan mayores niveles de productividad.

Con unas ideas básicas se pueden generar grandes mejoras en la productividad:

  • Mejorar las condiciones de trabajo para una mayor estabilidad e integración de los trabajadores.
  • Adoptar los valores del liderazgo transformacional: innovación, motivación y atención a las necesidades de los trabajadores.
  • Fomentar cambios organizativos y de producción. En unos, para evitar duplicidades de tareas y mejorar la gestión del tiempo. En los otros, para utilizar de forma más eficiente los recursos productivos para reducir costes innecesarios y mejorar los resultados.
  • Aplicar procesos de mejora continua: una empresa debe cuestionarse siempre su manera de trabajar y buscar nuevas formas de entender y solucionar los problemas.

En una situación de equilibrio perfecto, lo ideal sería que el salario real del trabajador iguale el valor de lo que produce. Pero el mercado de trabajo no es perfecto: los trabajadores no son iguales, la dualidad y las diferencias salariales son muy elevadas, los sectores no son homogéneos y la regulación laboral muchas veces crea distensiones y desequilibrios que afectan al funcionamiento general.

Las iniciativas destinadas a mejorar la productividad siempre son positivas para la empresa, y eso muchas veces implica una mejora en las formas de remunerar a los trabajadores con un sentido más justo. El talento de los profesionales hay que pagarlo y, a medio y largo plazo, los beneficios se percibirán en forma de una mejora de la calidad del producto y una mayor eficiencia en la organización.

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